
La humedad de tu cuerpo
es el tren descarrilado
en el que viajo sin luces
ni señales de retorno
No temo al exausto
grito del pasado,
ni a la sombra
de un tic - tac desalmado
La palabra entumecida
se disfraza de susurro
y se abriga en tus desvíos.
En un segundo refulgente
me desprendo de lo dicho,
me disipo en en silencio
y vuelvo a respirar
de tu aire de lavanda,
en tu pulso sin medida
y hasta tus ensueños
de estación.

